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¿Cuál es el origen del gato doméstico?

¿Cuál es el origen del gato doméstico?

Hasta hace relativamente poco se pensaba que fue hace 4.000 años, en el antiguo Egipto, cuando aparecieron los gatos que hoy en día conocemos y comenzaron los lazos entre el gato y ser humano. Sin embargo, la realidad es diferente.

A finales del siglo XX, se encontraron restos con una antigüedad de más de 9.500 años de un gato parecido al antecesor del gato doméstico que conocemos hoy en día, enterrados junto a una persona de buena clase social.

Esto parece indicar que el comienzo del acercamiento entre los gatos y las personas ocurrió mucho antes, hace más de 10.000 años en Oriente próximo, región donde se encontraban los gatos descendientes del antepasado de nuestro gato doméstico, el gato salvaje africano, gracias a la agricultura.

A lo largo de la historia los gatos no han tenido la buena consideración que tenían en el antiguo Egipto, sino todo lo contrario. No fue hasta la historia más reciente que los gatos volvieron a recuperar la buena fama y el papel que se merecen en nuestro día a día.

En este artículo de Surprise My Cat abordaremos los orígenes y los momentos clave a lo largo de los siglos de historia en los que estos maravillosos seres nos han acompañado.

¿Cuál es el origen del gato doméstico?

El gato doméstico que conocemos en la actualidad (Felis silvestris catus) presenta una morfología muy similar a la del gato salvaje africano o gato del desierto (Felis silvestris lybica), con las modificaciones del paso del tiempo y la domesticación. El gato salvaje africano es una de las cinco subespecies del gato montés o gato salvaje (Felis silvestris).

Felis silvestris dió origen a las siguientes subespecies de gatos:

  • Felis silvestris silvestris (gato montés europeo)
  • Felis silvestris cafra (gato montés de África meridional)
  • Felis silvestris ornata (gato montés de Asia central y Oriente Medio)
  • Felis silvestris bieti (gato del desierto chino)
  • Felis silvestris lybica (gato salvaje africano o gato del desierto africano y del cercano Oriente)

Los gatos, al igual que los perros y otros carnívoros modernos, proceden de un antiguo animal que existía en el planeta hace unos 60 millones de años, denominado miacis

Hace 25 millones de años, durante el oligoceno, un período comenzado hace 34 millones de años y finalizado hace 23 millones, los miacis dieron lugar a los proailurus, antecesores de los félidos actuales. 

Posteriormente, aparecieron los pseudailurus, que durante el mioceno (periodo comenzado hace 23 millones de años y finalizado hace 5 millones) se diversificaron y llegaron a África y el continente americano. 

Este último grupo ya había pasado de ser plantígrado, apoyándose de toda la planta del pie al caminar, a digitígrado, en la que solo apoyan la punta de los pies para alcanzar una mayor velocidad. Además, formaron la base de los felinos actuales, fomentados por las presas herbívoras de las sabanas y estepas donde se encontraban. 

En un comienzo, los félidos tenían unos caninos largos que comenzaron a desaparecer alrededor del año 10.000 a.C.

Carl von Linneo, creador de la clasificación de los seres vivos o taxonomía basada en la nomenclatura binomial, describió en 1758 que el gato doméstico pertenece a la familia Felidae y al género Felis. El mismo género al que pertenece el gato montés que dió origen a las subespecies de las una dio origen al gato doméstico. 

Otros géneros de la familia Felidae son, por ejemplo, panthera, al que pertenecen los grandes felinos que conocemos como el tigre, el león, el leopardo o el jaguar; o el género Lynx, de los linces. Los restantes géneros de la familia son: Puma, Caracal, Leopardus, Catopuma, Acinonyx, Leptailurus, Otocolobus, Pardofelis, Prionailurus y Neofelis.

En el año 2006 se estudió el ADN de las mitocondrias y los cromosomas sexuales de todas las especies de los felinos, que con investigaciones paleontológicas se comprobó que el linaje del gato doméstico se dividió hace 3,4 millones de años en los desiertos y los bosques de la cuenca mediterránea.

En el 2007, Carlos Driscoll realizó un estudio sobre 979 gatos para determinar el origen del gato doméstico, confirmándose que provenía del Felis silvestris lybica, una de las cinco subespecies del gato montés, de la que se separó hace unos 130.000 años.

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Los comienzos de la domesticación del gato

En general, se atribuye la domesticación del gato a la antigua cultura egipcia, que los consideraba sagrados y los adoraban. Pero la realidad es bien distinta, los descendientes del gato salvaje del desierto (Felis silvestris lybica) que habitaba Oriente próximo y el norte de África, fueron acercándose al ser humano gracias a las actividades agrarias.

Esta relación entre gatos y agricultores tiene su origen cuando comenzó la agricultura durante el Neolítico, hace alrededor de 10.000 años. Los agricultores se dedicaban a recolectar y cultivar cereales, y con ello la población comenzó a vivir en poblados en lugar de deambular de un lugar a otro. Se comenzaron a construir cabañas, graneros, silos y demás lugares para habitar y guardar sus cosechas de cereales. 

Fueron los gatos derivados del felis silvestris lybica los que salieron de su zona salvaje y se adentraron en la civilización de Palestina, Oriente próximo. Allí se encontraron con roedores, aves y otras pequeñas presas potenciales cerca de las cosechas de los agricultores. 

Los agricultores se empezaron a dar cuenta de lo beneficiosos que eran estos gatos para acabar con esos pequeños animales que afectaban a sus cosechas y comenzaron a fomentar su llegada y su permanencia.

En 1994, se encontró en la isla de Chipre un gato enterrado junto a una persona rica, debido al gran ajuar con el que se enterró, lo que indicaba la relación tan especial entre ambos. Estos restos pertenecían a la época del Neolítico, hace 9.500 años.

Cabe considerar que en Chipre no había presencia de estos gatos, fueron traídos por la colonización de agricultores neolíticos del Oriente próximo, que además de sus enseres y materiales para la agricultura, se llevaron a sus gatos. Sin embargo, que se llevasen a los gatos no sería más que por conveniencia, los consideraban indispensables para aprovechar mucho mejor sus cultivos.

Sin bien, el comienzo de la relación entre gatos y personas ocurrió en el Neolítico, la domesticación completa fue posterior. A diferencia de los perros que se domesticaron hace mucho más años y tuvieron una relación más estrecha con las personas, los gatos decidieron ellos mismos acercarse a las poblaciones.

La importancia del gato en el antiguo Egipto

Hace algo más de 4.000 años, durante el Antiguo Egipto, los gatos, o “Miu” como ellos los llamaban, ya eran gatos domésticos, tal como reflejan las representaciones y la cercanía que tenían con la civilización egipcia.

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La civilización egipcia fue la pionera en preocuparse de los gatos y cuidarles como un miembro más de su familia, más allá de valorarlos por sus habilidades de caza o para protegerse de las peligrosas serpientes. 

Fue hace unos 2.500 años cuando se les comenzó a rendir culto por considerarlos, más que divinos, como representación corporal de sus dioses felinos, que atribuían a la buena suerte y la protección de la familia y la casa. 

Al principio se pensaba que eran encarnación del dios Ra, el dios del sol egipcio representado como un león, pero más tarde los gatos llegaron a ser adorados cuando se les consideró encarnación de la diosa Bastet, símbolo de la protección del hogar, la armonía, la salud, la gestación y la buena fertilidad. También era una diosa con carácter alternante y nocturno por asociación a la luna, lo que se asemejaba mucho a la forma de ser de los gatos.

Este culto llegaba al punto de momificar a los gatos cuando morían, al igual que los faraones y los nobles, o enterrarlos junto al cadáver del egipcio que lo cuidaba. Esto último, aunque a día de hoy sería un gran acto de crueldad, en su cultura lo hacían para evitar que tras la muerte, su gato se encontrase sin hogar, pasando hambre y enfermedad. Además, cualquier acto de agresión o sacrificio de los mismos estaba duramente penado. 

Cuando uno de sus queridos gatos fallecía, el funeral se llenaba de honores, se acompañaban de ratones embalsamados para que pudieran seguir jugando en la otra vida y la familia del gato guardaba luto y se afeitaba las cejas por el duelo. 

La mayor demostración de la consideración que tenían los egipcios hacia los gatos ocurrió en el año 525 a.C. Fue durante la invasión Persa de Pelusio, cuando Cambises II ideó atar gatos en los escudos de sus soldados para que las fuerzas del faraón Psamético III no atacaran. Y así fue, los egipcios no se atrevieron a contraatacar por no herir a los felinos, por lo que la ciudad terminó por ser invadida.

El culto a Bastet y la adoración de los gatos empezó a decaer tras la segunda ocupación persa en el año 332 c.C, hasta su finalización completa en el año 390 d.C, cuando dicha adoración se prohibió por un decreto del imperio romano que prohibía los cultos paganos, al adoptar como la religión oficial el cristianismo.

La historia del gato más allá del antiguo Egipto

Los griegos se fijaron en los gatos de Egipcio porque vieron en ellos una buena manera de hacer comercio. Tuvieron que extraviar algunos gatos, debido a la negación de los egipcios en cederles alguno al considerarlos sagrados. 

Primero se llevaron unos cuantos a Grecia, y lejos de seguir las consideraciones que tenían los gatos para los egipcios, los utilizaron como moneda para el trueque para el comercio con franceses, celtas y romanos; así como para el control de los roedores. Pasaron a segundo plano las mangostas, garduñas o los hurones que hacían el papel de acabar con los roedores, ya que además de cazar mejor, era más atractivo compartir espacio con los gatos que con los otros animales.

Se rompió la relación afectiva entre gato y ser humano, ya que predominaba el cuidado y el cariño a los perros como el mejor animal de protección. Gracias a este comercio, los gatos llegaron a India y a China tras los ejércitos de Alejandro Magno. 

A diferencia de los griegos a los que no les gustaban demasiado los gatos y los veían como objeto de comercio, los romanos mostraban mayor interés por estos seres. 

Se les atribuye su llegada al continente Europeo, cruzando el Rin en el siglo I d.C. y llegar a la tierra de vikingos de Escandinavia en el siglo II, quienes les cogieron inmenso cariño, pero también parece que se vestían con sus pieles o se los comían.

Cuando los romanos llevaron gatos a Europa, estos tuvieron buena reputación, especialmente en el campo, debido a su capacidad de caza. La iglesia católica los consideraba una criatura demoníaca, pero los utilizaba para controlar los roedores. Sin embargo, el papa Gregorio Magno y san Patricio declararon su cariño hacia los gatos, pudiendo ver gatos en las representaciones de Ágata y santa Gertrudis entre los años 400 y 600 d.C.

En la religión islámica los gatos se respetaban, debido a que Mahoma sentía afecto por ellos porque su gata lo salvó de un ataque por una serpiente. Además, atacar a un gato era un grave pecado para esta religión.

En la edad Media, extendida entre el siglo V y XV, el gato se relacionaba, especialmente si era negro, con la mala suerte, así como con la feminidad o el disimulo. Se consideraba también que transmitían enfermedades y que tenían siete vidas por lo que afirmaban que era el animal de las brujas. 

El papa Inocencio VIII, durante la inquisición de la Edad Media, hizo que se sacrifiquen gatos en las fiestas populares como la de San Juan, con lo que comenzó el periodo de persecución de los gatos, extendiéndose hasta la nobleza. En esta época comenzaron a aparecer gatos con manchas y se usaba la piel de los gatos para hacer mantas y trapos para el pueblo.

Esta creencia duró varios siglos, perdiéndose prácticamente los gatos, por lo que la población de ratas y otros roedores aumentó considerablemente. Esto tiene relación con la Peste Negra del siglo XIV, enfermedad causada por la bacteria Yersinia pestis que vehicula la pulga de las ratas, que ya no tenían tantos depredadores potenciales. 

Con la llegada del Renacimiento en el siglo XV, los gatos comenzaron a verse de diferente forma, perdiendo popularidad la persecución y las hogueras, y los gatos vuelven a acercarse a los habitantes, especialmente para controlar los roedores. Sin embargo, no es hasta el año 1648, cuando el rey Luis XIV no prohibió quemar a los gatos en la hoguera de San Juan y se prohibió definitivamente con la Revolución Francesa a finales del siglo XVIII, al considerarlas supersticiones y una crueldad. 

Con los descubrimientos científicos del siglo XIX, se comprendió que los microbios transmitían las enfermedades y no las brujas, además que el gato era un ser muy limpio que se lavaba varias veces al día. 

Gracias a esto y al cambio de perspectiva y de pensamiento de la sociedad que provocó el arte del romanticismo, afortunadamente retornó el vínculo afectivo con los gatos y comenzó la preocupación y la curiosidad por todo lo relacionado a esta especie. También comenzó la creación de razas, hasta llegar a las aproximadamente 100 que tenemos hoy en día. 

Además, los gatos están viviendo su mejor momento, su popularidad está en auge al incrementarse diariamente los amantes de estos enigmáticos y maravillosos seres y entender que no son perros pequeños, sino que son una especie diferente y única en el mundo. Sin duda, no es de extrañar la consideración que les tenían en el antiguo Egipto.