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Cómo alimentar a un gato

Cómo alimentar a un gato

Los gatos son unos seres únicos, y su nutrición no iba a ser menos. Por ejemplo, requieren de mayores cantidades diarias de proteína y ácido araquidónico, necesitan aminoácidos esenciales como la taurina y la arginina en su dieta, tienen un metabolismo de la energía y la glucosa diferente y son incapaces de convertir los beta-carotenos en vitamina A activa.

En este artículo abordaremos el tema de la alimentación de un gato, sus particularidades de especie, los nutrientes esenciales y cómo dar de comer a un gato a lo largo de su vida según sus condiciones individuales. Sigue leyendo para conocer más sobre cómo alimentar a un gato correctamente.

Particularidades de la alimentación en los gatos

Los gatos, por su condición de carnívoros estrictos, requieren una elevada cantidad de proteínas en su dieta, siendo ideal un 35-40%. Si no las consumen en la cantidad suficiente, por no ser capaces de modificar su metabolismo ante una dieta con escasa cantidad de proteína, consumen la que se encuentra almacenada en su cuerpo, con las consecuencias que puede tener para su salud.

Cuanto mayor porcentaje de esta tiene un alimento, tendrá un precio más elevado, pero será de mayor calidad. Además de para la obtención de proteínas, los gatos necesitan consumir tejido animal para satisfacer sus requerimientos nutricionales. 

El resto de nutrientes que debe incluir una dieta para gatos son grasas y ácidos grasos, hidratos de carbono, vitaminas y minerales.

Cabe destacar que la cantidad de hidratos de carbono no es tan importante en esta especie. Los gatos pueden mantenerse con una dieta muy escasa de estos al obtener la glucosa que obtendrían con estos hidratos mediante la catabolización de las proteínas. Además, no los digieren tan bien como otras especies, siendo incluido frecuentemente en las dietas felinas el almidón de maíz por su mayor digestibilidad.

Nutrientes esenciales en los gatos

Es importante que los gatos obtengan 11 aminoácidos esenciales a través del tejido animal de su dieta. Se denominan esenciales debido a que no los puede sintetizar su organismo, necesitando obtenerlos a través del alimento. 

Estos aminoácidos son taurina, arginina, metionina, lisina, fenilalanina, leucina, isoleucina, valina, histidina, triptófano y treonina. De ellos, los que producen consecuencias más devastadoras en caso de deficiencia, son la arginina y la taurina.

La arginina se necesita para la síntesis de la urea y la eliminación del amoniaco. Su deficiencia causa una hiperamonemia o intoxicación por amoniaco, que da lugar a síntomas como temblores musculares, salivación excesiva, vómitos, signos neurológicos y depresión mental grave o coma que puede acabar con la muerte del felino en un corto intervalo de tiempo.

La taurina cumple una serie de funciones en el organismo felino como la conjugación de los ácidos biliares, regula el calcio fuera y dentro de las células, es antioxidante, actúa como neurotransmisor e interviene en el mantenimiento del buen funcionamiento del corazón, la vista, el aparato reproductivo, los músculos y el sistema nervioso.

La deficiencia de taurina puede tardar hasta cinco meses en dar lugar a alteraciones en el felino, pero su organismo se debilitará progresivamente hasta dar lugar a dos patologías graves: la cardiomiopatía dilatada y la degeneración retiniana central felina.

En la cardiomiopatía dilatada se produce un aumento de la cámara de los ventrículos del corazón que termina dando lugar a síntomas de insuficiencia cardiaca, como el derrame pleural (acumulación de líquido en la pleura, la membrana que recubre a los pulmones).

La degeneración retiniana central felina puede llegar a producir ceguera irreversible al felino. La retina es la parte del ojo que convierte las imágenes que detecta el globo ocular en señales eléctricas que envía al cerebro a través del nervio óptico para producir la visión.

En casos de deficiencias se debe suplementar con taurina para intentar revertir los signos cardíacos junto con el tratamiento médico, pero no los retinianos, que son irreversibles. 

El ácido araquidónico, un ácido graso esencial, también lo deben obtener del tejido animal, ya que no tienen tanta capacidad para sintetizarlos a partir del ácido linoleico de los aceites vegetales como otras especies, requiriendo de un mayor aporte de ácido araquidónico obtenido en la grasa de la carne. Si una dieta es deficitaria en este ácido graso, los gatos mostrarán fallos en la coagulación sanguínea, alteraciones en la piel, alopecia y trastornos reproductivos. 

El metabolismo de las vitaminas también es diferente en los gatos. En concreto, requieren mayores cantidades de vitaminas B3, B6 y vitamina A presentes en los tejidos animales.

La vitamina A no puede ser sintetizada a partir de sus precursores como sí ocurre en los herbívoros u omnívoros, sino que debe ser introducida en el organismo a partir de la alimentación. Esta vitamina es importante para la visión de los gatos, el correcto desarrollo dental y óseo y la regulación de las membranas celulares.

La vitamina B3 (niacina) no la pueden sintetizar, siendo necesaria mayores dosis de esta vitamina en las dietas para gatos.

La vitamina B6 (piridoxina) es fundamental para las transaminasas hepáticas, encargadas de la catabolización de las proteínas para obtener glucosa. Por ello, los gatos requieren mayor cantidad de esta vitamina en su dieta.

Todo esto refuerza que los gatos no pueden ser alimentados con otra cosa que no sea dieta comercializada para gatos o tejido animal, debido a sus altos requerimientos proteicos junto con las necesidades de taurina y arginina, ácido araquidónico y vitamina A, lo que impone esta inclusión de tejido animal en la dieta felina.

Cómo alimentar a un gato correctamente

Para alimentar de forma adecuada a un gato debemos buscar una dieta que en su etiqueta refleje que es completa, pues solo estas aseguran todos los nutrientes que un gato necesita. Estas dietas incluyen el alimento húmedo y el seco. 

Otros alimentos son los que en su descripción pone que son complementarios, y como su propio nombre indica, incompletos. Solo se deben usar de manera complementaria al alimento base. Ejemplos de alimentos complementarios son los snacks, las sopas y la leche para gatos adultos.

La mejor forma de alimentar a un gato es repartiendo el alimento varias veces al día, combinando el húmedo y el seco diariamente. El húmedo es bueno para hidratar al felino, así como para prevenir los trastornos renales y urinarios y el seco es bueno para su salud dental pero no para prevenir las enfermedades del aparato urinario. Debido a esto, la combinación de ambos es la mejor opción.

Se recomienda que se repartan en más de dos o tres tomas diarias, ya que prefieren tomar varias tomas ligeras al día en lugar de dos abundantes. Pueden alcanzar incluso 10-20 pequeñas tomas en libertad. 

El agua deben tenerla siempre a su alcance. Les atrae el agua limpia y en movimiento, por lo que el recipiente de agua debe ser cambiado todos los días con agua fresca. Puede ser buena idea moverlo delante del felino para que vea que fluye. Para fomentar su consumo también se puede poner una fuente de agua para gatos.

Como todas las especies, los requerimientos energéticos varían según su estado fisiológico, edad, actividad física y condiciones medioambientales. De manera que no será lo mismo alimentar a un gato en crecimiento, que a un adulto esterilizado, que a una gata en gestación y que a un gato mayor con enfermedad crónica. 

A continuación describimos cómo alimentar a un gato según su edad, estado reproductivo y si padecen alguna enfermedad.

Alimentación de un gato en crecimiento

Los requerimientos energéticos de los gatitos son más altos mientras crecen, hasta que llegan a su máximo crecimiento.

Las kilocalorías (Kcal), o energía que tiene un alimento, se calcula sumando la energía de la proteína, grasa e hidratos de carbono del mismo.

Los gatitos, cuando nacen, maman cada poco tiempo de su madre, aún no se termorregulan pero la temperatura corporal de la madre los mantiene a una temperatura óptima. La madre también se encarga de estimular la zona anogenital para que puedan orinar y defecar.

Las necesidades energéticas diarias de un gatito de 3 semanas son de unas 130-150 Kcal/kg, ascendiendo rápido a 200 Kcal/kg al mes, hasta 250 Kcal/kg a los 5 meses. A los 6 meses se reducen a 150 Kcal/kg y a 100 Kcal/kg a los 10 meses. Se irán reduciendo hasta que alcanzan su desarrollo y crecimiento máximo las calorías serán las de un gato adulto según sus particularidades individuales.

A las 7 semanas más o menos culminan el destete, alimentándose con pienso o comida húmeda para gatitos, que se caracteriza, por lo general, por ser más energético que el de los gatos adultos. 

Si un alimento seco para gatitos tiene un total de 4200 kcal/kg, un gatito de 4 meses y 1,5 kg de peso que se alimente con unas 240 kcal/kg al día, deberá ingerir unos 86 gramos del alimento.

Alimentación de un gato adulto

Las necesidades energéticas en los gatos adultos varían mucho:

Un gato adulto estándar de hogar, que no explora el exterior y no realiza mucho ejercicio físico más allá de un rato de juegos con su cuidador, tiene bastante con 60 kcal/kg/día.

Los gatos adultos esterilizados, pese a tener un mayor apetito, tienen menos necesidades energéticas. Si se les sigue alimentando como antes de estar esterilizados, ese exceso de energía lo acumulan en forma de grasa en su cuerpo. Por eso es tan frecuente que los gatos esterilizados tengan sobrepeso e incluso obesidad. Un gato esterilizado, tranquilo y hogareño tiene bastante con 45-50 kcal/kg diarias.

En cambio, si nuestro gato es muy activo, le encanta juguetear e incluso salir al exterior, la energía diaria asciende a 70-90 Kcal/Kg/día. 

Alimentación de una gata gestante

La gestación de la gata dura de 58 a 67 días, aumentando sus necesidades energéticas según avanzan las semanas de gestación. Requieren de más grasa en su dieta durante las últimas semanas para acumular reservas, ya que la ganancia de peso irá para los gatitos.

Debido a esto, al final de la gestación las gatas requieren un 25% extra de energía diaria, alcanzando las 100 kcal/kg al día. En total, una gata gestante puede llegar a aumentar un 40% de su peso antes de estarlo, perdiendo un 20% tras el parto, y el resto durante la lactación. 

Alimentación de una gata lactante

Durante la lactación, la alimentación de la gata cubrirá sólo el 80-85% de sus necesidades energéticas, el resto lo proporciona ella de sus reservas. Si a la gata no la alimentamos con una mayor energía acorde a este proceso, perderá más peso que el que tenía, pudiendo causar problemas en la lactación. 

El consumo de agua de la gata durante esta etapa debe ser más elevado, ya que requieren mayor cantidad para la producción de leche.

Los requerimientos energéticos de una gata lactante son siempre más elevados, aumentando según el tamaño de la camada. Es buena idea alimentar a las gatas en esta etapa con el mismo pienso que los gatitos, al ser más energéticos y nutritivos que los de adultos. Finalmente, volverán al de antes de quedar gestantes cuando acaben la lactación, siempre que hayan recuperado su peso y se encuentren fuertes.

Alimentación de un gato mayor

Los gatos de avanzada edad generalmente son menos activos y sedentarios. Debido a la menor energía por la edad o a no saltar ni moverse como antes debido a molestias o dolor por artrosis. Es por esto que el contenido de energía de la grasa no debe aumentar, pero sí la proteína, al tender a perder masa muscular.

Los gatos según cumplen años tienen mayor riesgo de desarrollar enfermedades crónicas, requiriendo además del tratamiento médico oportuno, una alimentación acorde al proceso.

Alimentación de un gato con enfermedad

Aunque los gatos jóvenes suelen sufrir más frecuentemente la reacción adversa al alimento, los de mediana los trastornos urinarios o las enfermedades digestivas y los más mayores enfermedad renal o diabetes; en realidad, cualquier gato puede verse afectado, siendo bueno para tu felino cambiar su alimentación a una dieta específica para complementar el tratamiento de la patología que padezca.

Por ejemplo, para gatos con trastornos digestivos que causan vómitos y/o diarrea como la pancreatitis, la enfermedad inflamatoria intestinal o las enfermedades hepáticas, existen dietas digestivas que son más fáciles de digerir y suelen ser ricas en antioxidantes y electrolitos. 

Si existe estreñimiento, hay dietas específicas para ello compuestas con proteínas muy digestibles, ácidos grasos omega 3 y fibras solubles para favorecer el tránsito intestinal. 

En los casos de hipersensibilidad o reacción adversa al alimento, se les debe alimentar con dieta hipoalergénica con proteína hidrolizada o dieta casera de proteína novel, para evitar el contacto con la proteína específica que causa la reacción.

Las dietas húmedas y secas urinarias están indicadas para la enfermedad del tracto urinario inferior en los gatos (FLUTD) que incluye la cistitis idiopática felina, los cálculos urinarios, los tapones mucosos uretrales y las infecciones urinarias, principalmente. Causan signos clínicos como dificultad y dolor al orinar, micciones escasas pero muy frecuentes, sangre en orina e incluso obstrucción del tracto urinario.

Los cálculos urinarios más frecuentes en los gatos son los de estruvita y los de oxalato cálcico y tienden a formarse con pH ácido, en los gatos esterilizados, con sobrepeso y/o sedentarios por la acumulación de la orina al ir menos al arenero. También es un factor de riesgo la baja ingesta de agua.

Solamente los de estruvita se pueden disolver con la dieta urinaria, por su propiedad de alcalinizar la orina.

Los de oxalato cálcico requieren de cirugía para su extracción, pero se pueden prevenir también con la dieta urinaria al diluir la orina aumentando su volumen y sus niveles moderados de magnesio. Además, las dietas urinarias suelen presentar baja cantidad de grasa que previene el sobrepeso, factor de riesgo para su formación.

Los gatos mayores pasados de peso tienen más riesgo de padecer diabetes mellitus, una enfermedad caracterizada por la presencia de hiperglucemia (aumento de la glucosa o azúcar en sangre) junto con resistencia a la acción de la insulina.

La mejor dieta para gatos diabéticos es aquella que su composición sea baja en hidratos de carbono y grasas, pero alta en proteína y fibra para fomentar la pérdida de peso o evitar ganancias y asegurar los requerimientos diarios de energía. 

Los hidratos aumentan el nivel de glucosa en sangre, por lo que deben ser bajos para controlar la glucemia y la resistencia a la insulina. 

Las proteínas como hemos comentado, son muy importantes para los gatos, aún más en los diabéticos para la obtención de energía y nutrientes esenciales. La fibra también es clave para el control de la glucemia al ralentizar la absorción de nutrientes. 

Los gatos con enfermedad renal deben ser alimentados con una dieta específica renal a partir del IRIS II, con creatinina superior a 1,6 o un SDMA de 18-25. Esta dieta está restringida en fósforo y proteínas, con más cantidad de potasio, vitaminas y ácidos grasos omega 3, a la vez que alcalinizan para prevenir la acidosis metabólica. 

Son más altas en potasio y vitaminas para prevenir las pérdidas que ocurren en un gato renal poliúrico (que orina más).

El fósforo previene la progresión de la insuficiencia renal al disminuir la mineralización del parénquima renal disminuyendo la inflamación. Esta reducción de fósforo se consigue con la reducción de las proteínas al estar los folatos asociados a ellas, y a la vez pueden ayudar con la azotemia (aumento de creatinina y urea). 

Sin embargo, la reducción proteica no debe ser excesiva ya que podría dar lugar a una malnutrición, cuyo proceso catabólico de las proteínas endógenas aumentará la producción de metabolitos tóxicos.

La reducción de las proteínas suele ser la responsable del descenso de la palatabilidad en las dietas renales, la solución es la introducción de ácidos grasos, lo que ayuda a mantener el peso de los gatos que tienden a adelgazar con esta enfermedad, no debiendo ingerir menos de 70-80 Kcal/kg diarias. Los ideales son los omega 3, ya que aumentan la vida del riñón protegiendo el glomérulo renal, al aumentar su vasodilatación y consecuente flujo sanguíneo.